El equipo ha recogido todo. Mariana enciende de nuevo un foco, patea la máquina de humo y señala el lugar frente al convertible.
Mi rey, no te vayas todavía. Necesito a alguien que cuente mientras practico la rutina de mañana. Tú quédate ahí, mira las caderas y dime cuándo está perfecto. No antes.
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